05 mayo 2009

Psicosis. Chin chin chin chin chin

¿Nos quieren desesperar?
Ever Nahuel Quattrini

Hace unos días ocurrió un episodio para el análisis. Con la aparición de la cepa de gripe porcina y el temor de que el virus llegue al país muchos medios de comunicación trasladaron periodistas a los aeropuertos para cubrir el boom del momento (quizás mucho más boom que el dengue, las elecciones y otros asuntos más y menos importantes).

Una turista mexicana que venía a nuestro país fue interrogada por un periodista, y ante la respuesta de la mujer de que la población no vive en aquel suelo con desesperación y en estado de caos, aunque sí con atenta prudencia, el entrevistador se puso a insistirle como si la gente debiera estar con ataques de pánico.

Fue interesante ver cómo el periodista insistía ante la mujer que tomaba con justa calma el asunto de la gripe porcina. Creo que no se trataba de una señora que no tuviera dimensiones del problema sino que más bien reflexionaba en ese momento de acuerdo a lo que apreciaba en México: más allá de la gravedad de la influenza y de las víctimas que se haya cobrado, la población no tiene otra alternativa que permanecer en calma y seguir las indicaciones de las autoridades para detener la propagación y combatir el virus. Y punto. La señora le cortó al periodista el interrogatorio, que no salía de la trivialidad de saber cuánto terror y espanto invade a los seres humanos, como si fueran hormigas que salen corriendo del hormiguero que se les inundó.

La Nación publicó una nota al respecto, en la cual “sostiene Marc Siegel, autor de False Alarm: The Truth About the Epidemic of Fear (Falsa alarma: la verdad sobre la epidemia del miedo), [que] en el siglo XXI se vive en un estado de ansiedad desmedida por causas que, muchas veces, no nos afectan directamente. Y esta ansiedad desmedida aumenta el riesgo de condiciones médicas que sí nos afectan directamente, como los problemas cardíacos, embolias y depresión. A la vez, Siegel subraya que los grandes pánicos le quitan visibilidad a problemas concretos y cercanos que es mucho más probable que nos afecten seriamente.”

"El temor como respuesta biológica fue diseñado para protegernos. Lo heredamos de nuestros antepasados animales y está dirigido a mantenernos a salvo al disparar una reacción al peligro inminente. Pero hoy la tendencia es "sobrepersonalizar" los riesgos, es decir apropiarnos de ellos todo el tiempo aunque ocurran a kilómetros de distancia y los estemos viendo por televisión. En consecuencia vivimos con un creciente nivel de hormonas de estrés que desgastan seriamente el cuerpo y la mente", dijo Siegel.

Parece que a la par de las endemias, epidemias, catástrofes, desastres y demás, tenemos una pelea contra el pánico generalizado, que no siempre sale naturalmente de nosotros sino que es alimentado por medios de comunicación: "El virus más poderoso no es el de la gripe, sino el del miedo", insiste este especialista, y tiene razón, puesto que cierta calma es necesaria para proceder inteligentemente contra un problema. La desesperación embota.

“Llegué a la conclusión de que los pánicos eran infecciosos en sí, potenciados por la exageración en los medios y las declaraciones exageradas de las autoridades de salud, publicadas fuera de contexto para un mayor dramatismo", reconoció este médico al diario al hablar de los efectos negativos del miedo en la salud humana, como por ejemplo a través de problemas cardiovasculares. “Han habido grandes exageraciones y mucha histeria.”

“Con respecto a la fiebre porcina, Siegel sostiene que, cuando el Departamento de Salud Pública de EE.UU. declaró una situación de emergencia y la Organización Mundial de la Salud elevó el alarma de riesgo de pandemia a nivel cinco (el nivel seis es el máximo), "sonaba como si nos estuviéramos preparando para una guerra nuclear". Pero aclara que, en realidad, el término pandemia de gripe simplemente significa que hay un nuevo tipo de gripe que está infectando gente, que el contagio está ocurriendo en distintas partes del mundo al mismo tiempo, y que ésta puede ser suave, moderada o severa”.

Igual no deberíamos dejar de pensar si es que muchos periodistas simplemente se equivocan al organizar prioridades en la transmisión de información o si hay una intencionalidad detrás de todo ello. Porque quizás 'necesitan' dar magnitudes inadecuadas a su cobertura para hacernos creer en su 'serio' trabajo de campo.

O quizás desean, con ambiciones políticas y/o económicas, distraernos de lo realmente importante, como por ejemplo las elecciones legislativas que tendremos en un mes y medio o el problema del dengue: "Es muy probable que el dengue persista como un problema mucho más serio para los argentinos que la gripe porcina. (…) el virus no parece ser tan fuerte y se puso en marcha una contundente respuesta de la salud pública para rastrear el origen del virus", sintetizó Siegel para La Nación.