Cambio horario: este domingo se adelantan una hora los relojes (29/12/2007 www.periodismo.com)
Desde la medianoche de hoy sábado – 00hs del domingo – los relojes argentinos deberán adelantar una hora para adecuarse al huso horario 2. La medida fue implementada por ley en el marco del ahorro de energía propuesto por la presidenta Cristina Fernández.Con la publicación en el boletín oficial de ayer, entró en funciones la ley que estipula un horario de verano desde mañana hasta la cero hora del domingo 16 de marzo de 2008. De esta forma, el país adopta el huso horario dos al oeste del meridiano de Greenwich.Si bien por su ubicación geográfica Argentina debería tener el huso horario 4, la medida responde a la necesidad de ahorrar energía. Según el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, esto se traducirá en “un ahorro de 175 megavatios en el pico de consumo”.El cambio horario se complementa con un paquete de medidas entre las que figuran la sustitución masiva de lámparas de bajo consumo y la eliminación de luces ornamentales.
Contento entre otras cosas por que el ciber redibujo las letras del teclado (juro que es verdad) les regalo este cuento de Leo Mashliah y el turrón o la turrada de fin de año de Radio Mitre.
Atlánticos saludos amigos.
Santa Bernardina del monte
Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la cero hora del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día veinticuatro. De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.Cuando llegó el momento -la cero hora del día veinticinco- la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces -o volvieron a ser- las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco.-¿Qué hago, mamá? -preguntó un joven- ¿atraso el reloj?-Por supuesto, hijo: debemos ser respetuosos de las disposiciones de la autoridad - contestó la madre.Todos los habitantes de Santa Bernardina del Monte obraron en consecuencia con ese precepto. Pero una hora después los relojes volvían a marcar la cero hora del día veinticinco. Nuevamente los pacíficos habitantes de Santa Bernardina del Monte atrasaron sus relojes una hora. Se pusieron entonces a esperar el transcurso de los sesenta minutos que faltaban para volver a atrasar los relojes. Pero algunos tenían sueño y se fueron a dormir, no sin antes dejar turnos establecidos de tal modo que siempre hubiera alguien despierto a la hora de atrasar el reloj.A la mañana siguiente seguían siendo las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después era la cero hora del día veinticinco, e inmediatamente después volvían a ser las veintitrés del día veinticuatro. Faltaban nueve horas para que abrieran las oficinas y los comercios. Una hora después faltaban ocho, pero en menos tiempo del que tardaba un gallo en cantar -y efectivamente había muchos gallos haciéndolo- volvían a faltar nueve.Los habitantes de Santa Bernardina del Monte, de mantenerse este estado de cosas, habrían muerto de inanición. Sin embargo muy otra fue la causa de su muerte. Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado, y dio parte de ello a sus superiores. Poco después, diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos. Los relojes del pueblo, entonces, quedaron divididos en dos categorías: los que averiados por las balas, estaban clavados en una hora entre las veintitrés y las veinticuatro, y los que seguían marchando libremente, pudiendo llegar hasta más allá de la cero hora sin que nadie los tomara por las agujas para atrasarlos. De todos modos algunas horas después ellos solitos volvían a marcar las veintitrés, como si sintieran nostalgia de sus disciplinados dueños, que en paz descansen.
Leo Masliah
La tortuga


1 comentarios:
Jajaja. Muy bueno. Justo había escrito un cuentito inspìrado en este y en el cambio horario en Argentina. Péguenle un vistazo.
Saludos.
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